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El cacao que nadie sembró

"Nació aquí. No se sabe quién lo sembró." 

Con esa frase, las y los comunarios del Parque Departamental y Área Natural de Manejo Integrado Iténez (PD ANMI Iténez) resumen por qué su cacao (Theobroma cacao) es diferente. No proviene de grandes plantaciones ni de variedades introducidas. Es un cacao silvestre que crece de manera natural en los bosques amazónicos y que ha acompañado a las familias de la región durante generaciones. Las semillas que hoy dan vida a nuevos sistemas agroforestales nacen de esos mismos árboles silvestres, conservando las características que hacen único a este cacao. 

Durante décadas, este cacao fue parte de la vida cotidiana. Se cosechaba para alimentar a las familias y, cuando sobraba, se transformaba en pasta para venderla. Sin embargo, el esfuerzo detrás de cada grano rara vez era reconocido. 

"Se sacaba bastante chocolate, pero no compensaba el precio que nos pagaban. Muchas veces se cambiaba por víveres" manifestó Carmen Regina Rapu Suárez, Dirigente de los Cacaoteros de la comunidad San Borja. 

La calidad del cacao siempre estuvo ahí. Lo que hacía falta era fortalecer todo el proceso para que el mercado pudiera reconocer su verdadero valor. 

Fue entonces cuando comenzó un trabajo conjunto entre las comunidades, WWF-Bolivia y WWF Suiza para fortalecer la cadena de valor del cacao silvestre. El acompañamiento respetó el conocimiento que las familias ya tenían y lo complementó con nuevas herramientas y capacidades: cosechar sin dañar los árboles, mejorar la fermentación y el secado, construir cajones de fermentación y mesas de secado, utilizar herramientas adecuadas para la recolección, aprender técnicas de manejo de los cacaotales y establecer alianzas con empresas que buscan cacao de alta calidad. 

Ese fortalecimiento no solo mejoró la calidad del producto. También fortaleció la organización comunitaria. 

Hoy, antes de que empiece la cosecha, cerca de 150 familias de las comunidades del área protegida, acuerdan el día en que ingresarán al chocolatal. Nadie entra antes que los demás. 

Para Wilfredo Paz, técnico de campo de WWF-Bolivia y quien nació en el PD ANMI Iténez, una de las mayores fortalezas del cacao silvestre está en la forma en que las comunidades se organizan para aprovecharlo. Cada temporada, las cerca de 150 familiasacuerdan el día en que ingresarán al chocolatal. Nadie se adelanta. Las primeras cosechas se realizan de manera conjunta para que todas las familias puedan beneficiarse por igual y el aprovechamiento del recurso sea equitativo. 

Después comienza un trabajo que requiere paciencia y precisión. 

"Primero cosechamos las mazorcas. Al otro día las quebramos, dejamos escurrir los granos y los llevamos a los cajones para que fermenten. Después los ponemos al sol, los tostamos, los molemos y recién hacemos la pasta. Es un proceso bien trabajoso explicó Irma Suarez Guacama, chocolatera de la comunidad San Borja. 

Cada etapa define la calidad del cacao. Una buena fermentación desarrolla sus aromas, un secado adecuado conserva sus características y un manejo cuidadoso permite obtener un producto que hoy es reconocido dentro y fuera de Bolivia. 

El cambio también llegó hasta la puerta de las comunidades. 

"Ahora el mercado llega hasta nuestra casa. Las empresas vienen a comprar el cacao aquí mismo y están pagando un mejor precio" contó Wilfredo. 

Ese reconocimiento abrió nuevas oportunidades para las familias y reafirmó que conservar el bosque también puede generar desarrollo y orgullo. 

"Mandé mi chocolate a Francia... y salió ganador" relató Carmen Regina. 

No fue solo un premio para Carmen Regina. Fue el reconocimiento a un cacao silvestre que ha permanecido durante generaciones en los bosques del Iténez y al conocimiento de las familias que lo han cuidado y perfeccionado con el tiempo. 

Escucha el podcast con Carmen Regina aquí

Cuando se les pregunta qué representa ese cacao para su comunidad, la respuesta va más allá del precio. 

"Nuestros chocolates son bien puros. Nacen de estos chocolatales nativos. Conservan ese aroma que siempre nos ha caracterizado" describió Carmen Regina. 

Ese aroma es el resultado de un bosque conservado, del trabajo colectivo y de generaciones que han aprendido a convivir con este fruto sin alterar su origen. 

En el Día Mundial del Cacao celebramos un fruto que es mucho más que un alimento. El cacao silvestre del Iténez es el resultado de bosques conservados, del conocimiento transmitido de generación en generación y del compromiso de comunidades que demuestran que la conservación también puede generar oportunidades, fortalecer los medios de vida y asegurar un futuro donde las personas y la naturaleza prosperen juntos en armonía.