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PROYECTO DE “CO-CREACIÓN” CON LAS ASOCIACIONES DE MUJERES INDIGENAS DEL TIOC MONTEVERDE RETORNA TRAS 2 AÑOS DE PANDEMIA

Santa Cruz, julio de 2022.- El pasado 15 de junio, Raquel Masaí, presidente de la Asociación de mujeres productoras de la comunidad Cosorió Palestina, ubicada en la Chiquitanía Norte,  llegó a Santa Cruz con una gran sonrisa en el rostro porque, junto a sus compañeras de la Asociación, comenzó a elaborar productos en base a aceites naturales extraídos de la palmera de cusi en un laboratorio con altos niveles de industrialización, en el marco del proyecto de “co-creación” que se ha retomado  después de estar en pausa por 2 años a consecuencia de la pandemia del COVID-19.

La idea de realizar una co-creación surgió a raíz de un análisis sobre cómo se podría apoyar a las Asociaciones para que escalen en la cadena productiva, teniendo la alternativa de crear una línea industrial, además de su línea artesanal.

Es decir que, con esta línea industrial y al co-crear con una industria, producirían productos bajo normas más exigentes de calidad, higiene y seguridad, con registro sanitario que permitirá vender sus productos sin restricciones en el mercado nacional o internacional.

Al incrementar el volumen de producción de aceites con el aprovechamiento responsable y sostenible, se valoriza el recurso natural del bosque, pero también, permite a las comunidades generar ingresos inmediatos y representativos.

Participar en toda la cadena de producción e incursionar en nuevos escenarios comerciales, implica más esfuerzo para las comunidades, considerando que en cada etapa existen dificultades y muchas limitaciones para lograrlo. Sin embargo, las mujeres de las Asociaciones de Mujeres de las Comunidades del Territorio Monteverde tienen la voluntad, la motivación y la valentía de hacerlo y de ser un ejemplo para otras comunidades.

Las asociaciones de mujeres productoras se crearon como una iniciativa basada en el uso y conocimiento ancestral, de las señoras de algunas comunidades del TIOC Monteverde, que tenían un fuerte deseo de lograr negocios sostenibles para aportar de manera significativa a los ingresos de sus comunidades y a la protección del bosque chiquitano.

El TIOC Monteverde, además de ser uno de los más grandes de Bolivia con más de 947 mil hectáreas de superficie, es hogar de valiosas especies de árboles y palmeras como el copaibo, el cusi, el motacú, el totaí, entre otros.

Raquel, como las demás mujeres de su asociación, se vieron afectadas por la pandemia del COVID-19, al no poder vender sus productos en los lugares donde habitualmente lo hacían, como ferias locales en Concepción, San Javier y en la ciudad de Santa Cruz.

Asimismo, el proyecto de co-creación de los productos se vio afectado por esta situación y se lo tuvo que poner en pausa por dos años, ya que las mujeres no podían movilizarse desde sus comunidades hasta Santa Cruz y por las restricciones sanitarias. Esto afectó seriamente los ingresos de las Asociaciones, y, por ende, el de las comunidades que recibían un porcentaje de estas ganancias.

Aún con esta situación, buenas noticias salieron a la luz durante estos años de pandemia. Al inicio del proyecto de co-creación, la única comunidad involucrada era Río Blanco, con su Asociación de mujeres productoras “Las Pioneras”. Ante el éxito de la innovadora idea, se incluyeron a las Asociaciones de las comunidades de El Rancho y Cosorió Palestina, comunidad donde Raquel vive.

“Para WWF es muy importante transmitir a las comunidades el conocimiento sobre el manejo sostenible del bosque con un apropiado enfoque en su aprovechamiento. Bien sabemos que los mejores protectores del bosque y de sus recursos, son las propias comunidades ya que es su hogar y viven de los recursos que el bosque les provee” explicó María del Carmen Carreras, responsable de la gestión corporativa y mercados para la conservación.

Es importante resaltar que los productos artesanales normalmente se venden en ferias locales, la co-creación les ha permitido participar formalmente en el mercado nacional y tener la posibilidad de traspasar fronteras hacia el mercado internacional, menciona Carreras.

El mercado formal tiene exigencias sanitarias, por tal razón, las mujeres productoras aún no pueden realizar este tipo de productos en los laboratorios de sus comunidades, por ello, WWF-Bolivia, logró crear una alianza con una empresa privada.

Este tipo de alianzas permiten a las comunidades incrementar sus conocimientos técnicos bajo el concepto de co-creación para elaborar productos en el marco de “aprender-haciendo”. Esta alianza productiva comunidad-empresa, incluye desarrollar fórmulas para productos con valor agregado y un registro sanitario del Ministerio de Salud de Bolivia para cada producto de la comunidad.

Después de que la primera industria, con quien se hicieron las 2 primeras co-creaciones, cerrara sus puertas a consecuencia del COVID-19, WWF-Bolivia se contactó con otras empresas industriales que cumplían con los estándares de sostenibilidad para la co-creación de productos basados en aceites naturales, y que tuvieran una visión más allá del negocio, como la sensibilidad de incorporar a su línea de productos, uno elaborado con el apoyo de personas que tienen a la materia prima en su hogar, las comunidades indígenas.

WWF-Bolivia, toma en cuenta todos los saberes y conocimientos de las comunidades respecto al uso de los recursos del bosque, los respeta, confía y apoya el emprendimiento de este grupo de mujeres que han dado el paso inicial para ser parte del mundo de los negocios sostenibles.
Los productos artesanales normalmente se venden en ferias locales, la co-creación les ha permitido participar formalmente en el mercado nacional y tener la posibilidad de traspasar fronteras hacia el mercado internacional
Para WWF es muy importante transmitir a las comunidades el conocimiento sobre el manejo sostenible del bosque con un apropiado enfoque en su aprovechamiento.