Buscando al ciervo del pantano: Otuquis | WWF

Buscando al ciervo del pantano: Otuquis

Posted on
10 diciembre 2020


  • Que no arranque todavía, esperá un ratito, creo que hay algo aquí abajo – me dice despacio, mientras se baja de la carrocería de la camioneta.

Le hago a una seña a Luis Alberto que está al volante y le indico que esperemos todavía. Andrés camina por un costado, hacia atrás del vehículo en una especie de corredor formado entre la movilidad y unas enredaderas que tapan la visión hacia el humedal que se extiende perpendicularmente a nosotros.
 
Llega hasta un pequeño claro desde el cual puede ver hacia el punto donde, segundos antes me indicó haber creído escuchar algo y entonces lo veo hacerme una señal emocionado, como pocas veces se emociona. Apunta por detrás de las enredaderas sin saber qué atender primero, si el sombrero que se le está por caer, el cigarro que tiene a medio encender en la boca o la cámara que lleva colgada en el brazo. En medio de la fatiga silenciosa logro entender que lo que me acaba de decir es “¡ahí está!”.
 
  • ¡Nadie se mueva, nadie respire! – susurro enfáticamente para que nadie haga un solo sonido.
 
Poco le importaron el pucho y el sombrero, se decidió enteramente y como era lógico, por la cámara. Por fin la distancia es perfecta, la luz es perfecta, apunta, enfoca, el animal levanta la mirada, se ven mutuamente por una fracción de segundo y se logra la foto del ciervo. No es una foto de un ciervo cualquiera, es el ciervo número veintiséis que vemos en el viaje, pero esta vez, logra la foto que él quería de un ciervo de los pantanos. Un macho, adulto, de frente, encuadrado para retrato y de portada.
 
Para conseguir esa foto, pasamos ocho días en el Parque Nacional Otuquis, en el Pantanal boliviano, colaborados por dos de los guardaparques más experimentados del área protegida, Don Edwin Justiniano y don Rogelio Paraba. Ayudados también por el propio director del Parque, el Ing. Luis Alberto Bazán quien, tuvo la amabilidad de llevarnos, tanto a la entrada como a la salida y quien justamente se encontraba detrás del volante aquél preciso momento en que Andrés Unter por fin encontró al ciervo de los pantanos tal como se había propuesto, casi a manera de reto personal, fotografiar.
 
Blastocerus dichotomus comúnmente conocido como ciervo de los Pantanos, es el ciervo de mayor tamaño de todo el neotrópico, los individuos adultos, pueden medir casi dos metros de largo y aproximadamente un metro treinta hasta los hombros, esto sin tomar en cuenta la cabeza, sobre la cual los machos al llegar a la adultez presentan una prominente cornamenta. Si bien estos animales esbeltos de patas largas y grácil agilidad para desplazarse en terrenos pantanosos, pueden pesar entre ochenta y ciento veinticinco kilos, existen registros de individuos que llegan a alcanzar hasta ciento cincuenta kilogramos de peso.  
 
En Bolivia, el ciervo de los pantanos vive en ambientes abiertos y de sabanas húmedas de tierras bajas, desde las pampas del Heath, en el departamento de La Paz, en la frontera con Perú, pasando por las sabanas del Beni, hasta el pantanal boliviano al este de nuestro país en la zona fronteriza con Brasil. A nivel mundial el ciervo de los pantanos puede encontrarse también en el sudeste de Perú, centro – oeste y sur de Brasil, centro – este y noreste de Argentina.
 
Históricamente el área que habitaba este cérvido fue mucho mayor, pero se vio reducida debido a distintas causas como, por ejemplo, el desarrollo de las industrias agrícola y ganadera, la susceptibilidad de los ciervos a adquirir enfermedades transmitidas por el ganado vacuno, la pérdida de ambientes naturales y la cacería que estas industrias causan como efecto colateral. Una muestra clara es el caso de Uruguay, donde actualmente el ciervo de los pantanos está considerado como una especie extinta, habiéndose registrado en ese país por última vez en 1958. Hasta el año 2009 se estimaba que el ciervo de los pantanos había perdido más del 30% de su población total en el mundo en un periodo de quince años, situación que, entre otros factores, hizo que se enliste a esta especie tanto a nivel mundial como nacional bajo la categoría de Vulnerable a la extinción.
 
La situación por la que atravesó (y atraviesa) el ciervo de los pantanos no dista mucho de ser la misma por la que pasaron muchas otras especies de fauna silvestre en Bolivia, sobre todo en los años 70´s, década durante la cual la cacería indiscriminada redujo las poblaciones de animales en muchos de los bosques de nuestro territorio. Si bien esta amenaza aún sigue latente, desde 1990 rige en el país, la ley de veda general indefinida, por Decreto Supremo No. 22641, norma de acuerdo con la cual, la cacería de fauna silvestre queda totalmente prohibida, salvo en algunos casos excepcionales como por ejemplo cuando una especie se encuentra bajo un plan de manejo para su aprovechamiento, o para ser consumida como cacería tradicional para aprovechamiento por parte de comunidades indígenas.
 
Otra medida que ha contribuido a recuperar las poblaciones de fauna silvestre, es la consolidación de áreas protegidas en el país, superficies de gran tamaño creadas con la finalidad de mantener las muestras representativas de los ecosistemas que comprende la diversidad biológica patrimonial del país. Una de estas áreas protegidas es, por ejemplo, el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Otuquis, el cual se sobrepone con la ecoregión del Pantanal en el lado boliviano.
 
Entre los objetivos de creación de esta área protegida se destaca preservar las características geomorfológicas, paisajísticas y la diversidad biológica y cultural del Otuquis, conservando especies de valor excepcional, amenazadas y típicas de estos ecosistemas. Al mismo tiempo, entre los valores que el PN ANMI Otuquis estaría protegiendo para generaciones futuras se consideran la protección y conservación de humedales de importancia mundial, la protección, conservación y uso sostenible de la diversidad biológica y la protección de los recursos naturales renovables y su uso sostenible en las zonas donde es permitido.
 
Y es que el Otuquis es un complejo mosaico paisajístico, casi como un rompecabezas gigante donde cada pieza se constituye en un nuevo rompecabezas a su vez. En este territorio en los últimos años especies como el ciervo o la londra, la nutria gigante del Amazonas, un mamífero semi acuático que también estuvo extremadamente diezmado en nuestro país, han encontrado ultimadamente sitios para aumentar y recuperar relativamente sus poblaciones naturales.
 
A pesar de los esfuerzos que aún se requiere redoblar en materia de conservación y gestión, existen algunos datos alentadores como lo que nos comentaba nuestro guía, compañero y guardaparque Don Edwin Justiniano cuando nos comentaba acerca de las actividades que se llevan a cabo en el Parque.
 
  • Ahora se ven más ciervos que antes, y yo creo que deben haber mucho más. Ahora bien, antes, se secuestraba carne de ciervo, de lo que cazaban, pero ahora ya la gente sabe que es prohibido, que esta es un área protegida y que incluso pueden ir a la cárcel, entonces la gente ya no se arriesga, y ciervo hace años que no se secuestra.
 
En ocho días de estadía en el área protegida, cuatro recorridos desde el ingreso del área protegida hacia puerto Busch, nosotros tuvimos un total de veintiséis avistamientos de ciervos, lo cual también fue alentador para nuestros corazones conservacionistas.
 
Otuquis fue declarado como Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado mediante Decreto Supremo No. 24762 el 31 de julio de 1997, pudiendo iniciar la gestión del área recién a finales del año 2001. Esta área protegida de casi un millón de hectáreas que se sitúa justo en la frontera que compartimos con los vecinos países de Brasil y Paraguay, alberga en su interior una gran variedad de ecosistemas, entre los cuales se encuentra por ejemplo a los bañados del Otuquis, que es uno de los humedales de Bolivia de importancia internacional y por lo tanto considerado como sitio RAMSAR, y donde se pueden encontrar cientos de especies de aves.
 
Este gran paisaje dinámico que comprende el Otuquis donde todo está conectado por el elemento vital que es el agua, está bajo la influencia de dos grandes cuencas. La cuenca de Tucabaca, a miles de kilómetros al norte, desde donde se reciben las aguas que bajan en temporada de lluvias y, por otro lado, la influencia del río Paraguay que llena la planicie de inundación del Pantanal en tiempo de llenura del río. Época que no necesariamente coincide con la temporada de lluvias. De esta manera, el Otuquis tiene periodos secos y periodos húmedos, pero la gran mayoría del tiempo se ve influenciado por el agua y la humedad que se provoca en el sistema.
 
En este reino de agua, son las islas de bosque y los lugares de altura los que adquieren una nueva dimensión de importancia, ya que son los lugares que se constituyen como refugios y lugares de descanso para la diversa fauna del área. Mientras la gran masa de agua que se almacena en esta gran ecoregión es purificada por la más diversa variedad de plantas acuáticas del mundo y luego continúa con su ciclo hidrológico y es redistribuida hasta cientos de miles de kilómetros por fuera del Parque, contribuyendo así a la regulación del clima en la región y también a nivel global.

Texto: Gabriela Tavera