#QuédateenCasa y conéctate con el Pantanal | WWF

#QuédateenCasa y conéctate con el Pantanal

Posted on
06 mayo 2020


Frío, hace frío.
 
Aquella madrugada hacía frío y todavía estaba oscuro cuando salimos del hotel. En el camino había neblina, apenas podían verse las luces de las farolas del pueblo. Nos fuimos sin desayunar, con la intención de ganarle al amanecer arriba, en el mirador de Santiago de Chiquitos, mejor conocido como la antesala del cielo.
 
No era la primera vez que subíamos al Mirador, pero esta vez dudaba de que pudiéramos ver algo siquiera, puesto que, lo único que nos rodeó constantemente en la subida fueron la espesa bruma y el frío intenso que precedió aquella mañana.  
 
Grande fue la sorpresa cuando llegamos a la cima y, nos vimos por sobre la bruma. El frío dejó de ser tan intenso y el cielo se dibujaba cual mar a nuestros pies. En el horizonte todavía podía verse una enorme luna y hacia el este, el cielo apenas se teñía de suaves tonos anaranjados que señalaban el lugar preciso por donde saldría el sol.
 
Colocamos las cámaras a trabajar, a esperar el amanecer, mientras nos deleitamos tomando el café de un termo empacado al vuelo y veíamos como a nuestros pies, caía sobre el gran Valle de Tucabaca una interminable cascada de nubes que, provenía del mar blanco sobre el cual habíamos quedado cuando llegamos a la cima.
 
¿Dónde estábamos?
-----------
 
Santiago de Chiquitos es un pequeño pueblo en la chiquitanía cruceña que, se encuentra aproximadamente a 425 km de Santa Cruz de la Sierra, en el municipio de Roboré. El pueblo cuenta con numerosos atractivos turísticos en sus alrededores, los cuales constan de paisajes naturales, caídas de agua y relictos arqueológicos. Es además el pueblo “puerta” de ingreso al Área Protegida Municipal y Unidad de Conservación del Patrimonio Natural Reserva de Vida Silvestre Tucabaca.
 
En sí, la Reserva de Tucabaca, como se le conoce de manera abreviada, es un área protegida creada para proteger parte de un ecosistema muy particular, el Bosque Seco Chiquitano, que está conformado en esta zona por una serie de serranías y el Gran Valle de Tucabaca. Son 262.305 hectáreas que representan el 37% del total de la superficie del Municipio de Roboré. Municipio que, se hizo cargo de la gestión y administración del área protegida, desde el 19 de agosto del año 2000, fecha en la cual se declaró bajo ordenanza municipal, la consolidación del área protegida municipal que nació con el nombre de Reserva Municipal Valle de Tucabaca.

Ahora bien, es importante resaltar, que la riqueza de flora y fauna y los beneficios que estas proveen, enriquecen territorios que están muy fuera de sus límites. Es por esto que, a partir del año 2009 se reconoce su valor como área protegida departamental y actualmente se le conoce, además de área protegida municipal, también como una Unidad de Conservación del Patrimonio Natural y Reserva de Vida Silvestre Tucabaca, a cargo de directrices administrativas de la Gobernación del Departamento de Santa Cruz.
 
Pero, más allá de quien se hace cargo administrativamente de esta área protegida, lo impresionante de ella, es la cantidad de beneficios que aporta a la región, partiendo de uno de los elementos fundamentales necesarios para el desarrollo de la vida, desde sus formas más básicas, hasta las más complejas: el agua.
 
Desde hace algunos años, el “eslogan” con el que se conoce la Reserva de Tucabaca es “El guardián del agua”, y es que es en las serranías al interior de este territorio, donde nacen vertientes, del líquido elemento, que alimentan y nutren los suelos de por lo menos cuatro provincias del departamento de Santa Cruz, la zona es cabecera de la cuenca del río de la Plata e influye sobre el funcionamiento de por lo menos dos sitios RAMSAR (humedales de importancia internacional), los bañados del Otuquis y Laguna Concepción.
 
Dentro del área delimitada por la Reserva de Tucabaca se encuentran comunidades de origen indígena, comunidades campesinas y propiedades privadas. El agua que producen las serranías alimenta los ríos que suministran este elemento tanto para uso doméstico, industrial y agrícola tanto en la zona como a miles de kilómetros por fuera de sus límites.
 
Estos ciclos del agua, comienzan en la cadena de serranías de la Reserva, que están constituidas por grandes murallas de piedras, farallones y terrenos accidentados, donde las nubes cargadas de vapor que se transportan a manera de ríos aéreos chocan y condensan en forma líquida. Allí van formando gota a gota delicados hilos de agua que se van uniendo y dan paso a chorros cada vez más amplios, los cuales dibujan a su paso cascadas y pozas de agua que otorgan un maravilloso valor paisajístico a la región.
 
Estos escenarios además de ser vitales para el funcionamiento ecológico de la zona, se convierten en sitios de alto valor como atractivos turísticos, industria en la que apuesta la región y que hoy por hoy se ha convertido en la fuente de sustento de muchas de las familias que viven en las comunidades del municipio de Roboré.
 
Son tantos los lugares que se han formado de manera natural, los que existen para visitar, que se hace un cálculo a groso modo de que son necesarios por lo menos diecisiete días para recorrer (y no de manera detallada) todos los atractivos de la región de Roboré.
 
Durante nuestra visita al área, con la intención de fotografiar un amanecer intenso desde las serranías de Tucabaca, el primer día subimos temprano al Mirador de Santiago de Chiquitos, uno de los destinos turísticos más visitados de la Reserva, y allí pudimos ver en vivo y en directo el proceso a través del cual comienza el recorrido del agua, desde el cielo hacia la tierra.
 
El Mirador de Santiago, conocido como la Antesala del Cielo, es uno de los miradores más accesibles para observar en pleno, tanto las formaciones geológicas de la reserva, así como también el gran Valle de Tucabaca, el cual está constituido en gran parte por el ecosistema del Bosque Seco Chiquitano. Una formación boscosa, única en el mundo, considerada junto con el bosque de Lacandona en México como los bosques secos tropicales (que se encuentran en los trópicos del globo terráqueo), más diversos en el mundo, con una enorme riqueza natural que permanece aún muy poco estudiada.
 
La vista desde el Mirador de Santiago es abrumadora, y más aún lo fue aquel día que pudimos apreciar, debido al cambio de temperaturas, cómo las nubes formaban un gran mar blanco, que descendía a través de las serranías hacia el gran Valle de Tucabaca. Llevando consigo la humedad necesaria para el desarrollo de la vida en los bosques y la nutrición de los suelos.

La Reserva de Tucabaca, tiene como objetivos de creación proteger de manera sistemática las fuentes y los cursos de agua que nacen principalmente en la Serranía de Santiago y que son la base del sistema hídrico regional. Así como también conservar el paisaje único de las serranías de Santiago, Roboré y Chochís además del Valle de Tucabaca y conservar muestras representativas y accesibles de los ecosistemas del Bosque Seco Chiquitano con su flora y fauna amenazada. Al mismo tiempo proteger los sitios arqueológicos de la región y desarrollar el turismo en base a todos estos atractivos. De esta manera, diversificar las fuentes de ingreso a nivel local y regional promoviendo formas de uso de los recursos naturales que resulten sostenibles a largo plazo.
 
Adicionalmente a los objetivos principales de creación del área, esta zona cumple funciones ecológicas entre grandes ecoregiones, como conectora, como corredor de conservación entre el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) San Matías y el Parque Nacional y ANMI Kaa Iya del Gran Chaco por un lado y el ANMI San Matías y el PN ANMI Otuquis. En realidad, el tipo de paisaje en la Reserva de Tucabaca, conformado por los farallones de sus Serrranías y el bosque seco chiquitano es parte de un ecosistema de transición entre, el clima y los bosques húmedos del Pantanal y la Amazonía, y el clima más árido del Gran Chaco Americano.
 
En total la cuenca de Tucabaca alcanza los 3.412.954 has. y es considerada como la cabecera del río de La Plata. Se calcula que la cuenca de aporte produce un aproximado de 3.058 millones de metros cúbicos de agua por año.
 
El agua que se produce en las serranías de la Reserva de Tucabaca provee el líquido elemento para el desarrollo de la vida hasta miles de kilómetros por fuera de la reserva, en otras provincias y municipios  además de Roboré, tanto para actividades doméstica y económicas como el agro y la ganadería en las provincias de Chiquitos, Germán Busch, Cordillera y Angel Sandoval particularmente los municipios de San José de Chiquitos, Roboré, Carmen Rivero Torres, Charagua, Puerto Suárez, Puerto Quijarro y San Matías.
 
En este lugar en el que se encuentran las nacientes de ríos que alimentan a los bañados del Otuquis y el pantanal boliviano, existe la hipótesis de que el Bosque Seco Chiquitano representa un relicto de un “arco pleistocénico de bosques secos” en el margen de la Amazonía.  Dentro del rompecabezas paisajístico conformado por las serranías de los pueblos de Santiago, Roboré, Chochis y el bosque en el Valle de Tucabaca se presenta también una enorme riqueza arqueológica y se han reconocido aproximadamente 554 especies distintas de fauna, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 especies de peces.
 
Existen aproximadamente 35 especies endémicas en estas serranías y más de 55 especies de plantas que son endémicas de Bolivia. Un ejemplo de endemismo en esta zona es la rana chiquitana Ameerega boehmei, la cual solo puede ser encontrada en las Serranías de Santiago de Chiquitos, por ejemplo. Todos estos factores entre ellos lugares rocosos, lajas, farallones, las torres de roca y el campo rupestre, hacen que la Reserva de Tucabaca se constituya como el centro de endemismo más importante del oriente boliviano.
 
Debido a la creciente demanda turística de la zona, actualmente las poblaciones más visitadas del área son el área urbana de Roboré y el pueblo de Santiago de Chiquitos, el cual cuenta con numerosos atractivos turísticos de deleite paisajístico y que se ha tornado en la puerta de entrada a la Reserva de Tucabaca. Entre los destinos más visitados está su mirador.
 
Y allí estábamos, en el Mirador de Santiago de Chiquitos, dispuestos a ver romper el amanecer entre amigos, pero también observando en vivo y en directo cómo se movían los ríos del cielo y los ciclos del agua, que comenzaron allí y poco a poco fuimos persiguiendo y descubriendo por algunos de los tantos lugares que tiene la naturaleza para ofrecer al interior de la Reserva.
  • ¿De quién es esto? ¿Tiene dueño? – le pregunté a Roberto Tomicha mientras contemplaba atónita, de abajo para arriba, una caída de agua de más de cien metros, decorada alrededor completamente de la mayor cantidad de helechos juntos que yo hubiera visto en mi vida.
  • No, esto no tiene dueño, no es de nadie – me contestó mientras hizo un gesto raro como de quien se da cuenta que está errado en lo que dice, justo cuando suelta las palabras de la boca – En realidad – se corrigió – Es de todos, es nuestro, porque somos nosotros los que lo cuidamos, entonces ¡es nuestro! – terminó haciendo énfasis en las últimas palabras.  
Roberto trabaja desde hace algunos años como Guardaparque de la Reserva de Tucabaca. El contaba que ni siquiera siendo roboreseño de nacimiento había llegado a conocer tantos lugares allí mismo, como los que llegó a conocer siendo guardaparque.
 
En aquella ocasión nos acompañó a conocer una de las Serranías de Roboré conocida como Motacusal, desde donde pudimos contemplar los grandes farallones de las Serranías de Chochís por un lado y las Serranías de Santiago por otro, rodeando el gran Valle de Tucabaca. Este mirador natural es menos visitado, puesto que la subida es algo más larga y prolongada en tiempo, pero la vista, el paisaje, resulta uno de los cuadros más sublimes que puede dejar boquiabierto incluso a los más empedernidos buscadores espirituales. Es un lugar desde el cual se comprende la magnitud de la naturaleza y la pequeñez del ser humano.
 
Antes de llegar a la cima del mirador de Motacusal, existe una senda que desciende hasta el chorro llamado “la cascada de los helechos”, uno de los lugares mejor preservados en la región, donde pueden verse helechos, no sólo en cantidad, sino también en variedad. Estas plantas tan primitivas que le dan al entorno un aire “dinosauresco” y que parecen poder hacer que uno viaje en el tiempo.
 
Las 262.305 hectáreas de las que consta la Reserva de Tucabaca, son custodiadas por un cuerpo de protección de dieciséis guardaparques, quienes realizan distintas tareas entre patrullajes y monitoreos de fauna. Además de estas actividades los guardaparques están siempre dispuestos a brindar información acerca de las maravillas que pueden ser encontradas en la zona y orientar al visitante para organizar sus actividades. Personal que además de la predisposición, reciben al visitante siempre con una sonrisa, alguna que otra anécdota graciosa que sabe a bienvenida.
 
La cascada de los helechos, es solo uno de los grandes chorros que el agua ha tallado a su paso desde hace miles de años en esta región, recordando que es el agua el elemento que, da paso a todas las formas de vida, desde las más básicas hasta las más complejas. Es el elemento que lleva consigo los nutrientes desde un lugar a otro para fertilizar los suelos y es el elemento que regula la humedad tanto donde se produce como a miles de kilómetros de distancia.
 
Visitando la Reserva de Tucabaca, el Guardián del Agua, se puede ser testigo no solo de paisajes impresionantes, sino también de procesos ecológicos que suceden ahí frente a los ojos de quien está dispuesto a observar. Desde las nubes que, enriquecen el caudal de los ríos del cielo, los hilos de plata que van naciendo en las serranías, las cascadas talladas en la piedra, la vida que surge de ese paso y cómo el bosque mismo funciona como un gran evaporador que funciona únicamente con la energía del sol. Cada elemento conjugado creando escenarios que inundan de adrenalina el torrente sanguíneo, aceleran el ritmo cardíaco, intensifica la respiración y son capaces de erizar el vello de la nuca hasta provocar un escalofrío que recorra la espalda mientras se observa.
 
Lugares en los que es bueno recordar que “no debo permitir que cualquier brisa pasajera me lleve, pero debo estar abierto a nuevas experiencias y permitir que cambien mis puntos de vista, mi comportamiento e incluso mi personalidad.”
 
Área Protegida Municipal/ Unidad de Conservación del Patrimonio Natural Tucabaca 
Texto: Gabriela Tavera/ Fotografía: Andrés Unterladstaetter